Fuego y Tierra

miércoles, 2 de junio de 2021

A Roberto Cazorla

 

Llorar, para qué. Si pudiera con las lágrimas crear un bosque, si con ello evitara la pena, si pudiera evadir la nostalgia y entender las palabras esdrújulas que ponen el énfasis en el límite de la palabra, quizás me merecería el esfuerzo, pero me falta el cobijo de la palabra serena, del sosiego del aire en el placer del paisaje.

Me falta el amigo que esperé y nunca reconoció mi sonrisa agradecida de su presencia y su mirada, a la que me faltaron notas musicales para añadir a su grandeza por ser poeta que engrandecía mi alma y pintaba de colores con pinceladas abstractas sus manos guiadas por aves extrañas. Me falta el color de su alma, rellano de hospitalarias olas azules de los mares que culminan agonizando en una isla entendedora de amores y eternos dioses creadores de estrellas y cuentos interminables con fines inalcanzables.

Me faltas, amor, y me falta tu grandeza. Así te cuide Dios y te resguarde tu sonrisa y tu mirada, digna de antiguos dioses y hechiceros querubines inspirados en tu mágica pócima de sabiduría inalcanzable, de notas musicales y palmas abiertas. Ojalá me concedas el beneplácito de haber sido en un tiempo tu amiga y haber rozado en algún momento el hálito del aliento que colorea tu presencia.

Ojalá, Cuba, toda entera, supo que Ceiba Mocha fue tuya porque la creaste diosa y alimentaste su alma de sus frutas tropicales y de sus ardientes mujeres, de las bocas del deseo y de las pieles abiertas. Ojalá que tus ojos alcancen a verme para reconocerme como una amiga, como compañera de sueños y espacios abiertos.

Ojalá, Roberto Cazorla, me vuelvas a mirar a los ojos y expresar tus deseos.     



Isabel Martínez Pita


martes, 1 de junio de 2021

Fantasmas con Sonrisas borradas

 

 

  

El alma siente lo que el cerebro olvida y transforma miles de formas para no imprimir sus imágenes en las pupilas cansadas de tantas historias ya escritas, de tantos seres que de tan amados se hicieron perversos. Me cansan los brazos, me tiembla el pulso y las piernas se resisten a caminar por no encontrar guijarros que me hagan retroceder para volver a mis días pasados, aunque los que procedan sean siniestros.

Se me agota el aliento de no encontrar el sustento que pinte de luces lo que yo no encuentro y me hallo aquí sin haber descubierto nada, sin haber sido nadie ni haberlo intentado porque los rostros de los demás se han encargado de borrar mi mirada. Y me hallo aquí, arrastrando mis muertos, recogiendo vestigios que, aun escasos, compusieron la melodía que persigo cada mañana y se borra temprano con el tenue haz de amanecer que abre mis ojos hasta que la realidad suplanta mis sueños de forma indecente, arrancando la pobre sonrisa que por un momento me dejó respirar tranquila y, afable, me regaló unos instantes de vida.

Por las palmas de mis manos abiertas se cuela la arena de una playa lejana, que me ha dejado el sabor a la sal de su vientre, el bullicio de las olas rompiendo, compitiendo unas con otras por besar antes la orilla y por ser más hermosas. El azul de mil tonalidades que abarca peces, rocas, viento, corrientes y plantas, amalgama de colores creadores de paletas de pintores del alma. El ancestro más preciado del fondo de nuestro pasado y resto de nuestro agonizante presente que transforma en carroña el espíritu que en siglos pasado construyó catedrales y llamó Humanidad con sus ojos perplejos ante el milagro del descubrimiento y posó su tiempo para beber de la sabiduría que ya agotó el ser humano.

Miro alrededor y sólo descubro fantasmas con las sonrisas borradas, con los ojos sin alma, repitiendo las mismas palabras que borran de sus mentes la belleza de haber sentido en su infancia la libertad de volar. Se han muerto las palabras y ha nacido el putrefacto olor a infierno, donde no existe el abrazo, donde se exterminan los besos y sólo vencen los abismos y el vacío, donde la ternura y las lágrimas han quedado desterradas para ser sustituidas por la mentira y la inhóspita sospecha del prójimo. Y yo me pregunto: ¿Quién está jugando al ajedrez con las piezas equivocadas?       

 

Isabel Martínez Pita.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Querido y amado padre


 

Querido padre, te escribo desde otra dimensión en la que ya tú no te encuentras, pero te requiero y te pido tu ayuda. Sé que siempre estás cerca de mi y de toda la gente que te ha querido y nos susurras al oído tus consejos y tus sabios pensamientos que ya le pertenecen a Dios. Pero esto ya es un desastre querido padre. He perdido a mi familia como tú bien sabrás, aunque no me falla ni tu hermana Mercedes ni la tía Loli a las que tanto querías. Como sabrás, porque lo has debido de ver desde arriba, Ernesto está mal, aunque le quiero cada día más y nunca le fallaré.

Solo quería explicarte que estas han sido las Navidades más desastrosas de mi vida y mira que hemos pasado juntos Navidades horribles, sin entendimiento entre las personas de la familia y con caras de disgusto, como si no se dieran cuenta que podían ser las últimas Navidades para poder estar todos  juntos.

Papá se me escapan las lágrimas y resbalan por mi rostro acordándome de ti, de tu imagen siempre afable, de tu risa que se escapaba en cualquier esquina y por cualquier rincón y que buscaba un abrazo que no encontraba los brazos amables que pedías para recorrer tu cuerpo con ellos y aliviar tu espíritu.

Papá, en estos momentos difíciles intento desentrañar tus mensajes y recuperar tus palabras para mantener mi identidad de la cual tú has sido protagonista inigualable.

Papá, te recupero con cada uno de mis pensamientos y te veo…te veo. Siempre serás el mismo para mí…la ternura de tu mirada, el conocimiento de tu inteligencia y el espíritu de la morada que albergaba tu alma.

Te quiero padre, como siempre lo he hecho. Un beso más allá de las constelaciones y otras dimensiones a las que un día me acercaré a ti.









martes, 17 de noviembre de 2020

Genocidio a la española





Sabido es para las personas con suficiente cultura o interés lo que la historia ha hecho con España. No voy a extenderme en este tema porque tan solo soy periodista, no historiadora. Tenemos una amplia colección de libros y de autores que nos hablan extensamente y con documentos que les acreditan, en fin, no voy a ser yo quien les dé crédito, un crédito que tienen por si mismos, sin que yo tenga que acreditarlos.

¿Qué está pasando en España que la vendemos por porciones?. ¿Vamos a seguir dejando que Marruecos bajo la connivencia del gobierno español se apodere de Canarias?. ¿Vamos a seguir ladeando la cabeza para no ver lo que está pasando?. ¿Que los bancos españoles vendan sus sucursales extranjeras?. ¿Que Telefónica, empresa líder española vaya a ser vendida a Alemania?.

¿Qué nos está pasando a los españoles?. Debe ser que nos hemos acostumbrado a la mascarilla e incluso nos gusta para no expresarnos y dejamos que RTVE nos inocule el veneno somnífero con el que que el Gobierno de Sánchez y sus adláteres (inclusos peinados a lo chino antiguo) decidan para acabar con nuestro país a precio de saldo y que el pueblo español no hable, no se mueva.

Abandonamos a los ancianos en sus residencias, sin asistencia sanitaria, y solo soltamos unas lágrimas ante los micrófonos de los vendidos medios de comunicación. No sabemos quiénes están en las Unidades de Cuidados Intensivos porque no nos interesamos de abrir una pequeña ventana para saber si nos dicen la verdad, aunque haya sanitarios que expresen su protesta ante la manipulación de las cifras y, de lo que es peor, de sus puestos de trabajo.

Los padres no se interesan de que sus hijos tengan ambulatorios para su atención (será que no es posible asistirlos con tanto trabajo), dejamos que amigos y familiares mueran  de graves enfermedades sin preguntarnos por qué no fueron atendidos y, además, evitamos abrazarnos, no sea que con el abrazo hayamos decidido extenderlo para convocar una manifestación.

Y nos tragamos que las cifras de muertos las cuantifiquen los servicios funerarios y luego se las regalen al "bicho". ¿Qué está pasando en España que los españoles no nos la merecemos? 

Este portal dedicado a la poesía la ha dejado de lado para mostrar la repulsa e indignación (el asco) que me produce este Gobierno, esta clase política que nos lleva inexorablemente a la ruina. Empresas, comercios, hostelería cerrados y los pretendidos ERTES no llegan a nadie. Perdonen, pero además de ser un insulto es una falacia coordinada para someternos, doblegarnos y arruinarnos.

Quien esté detrás de todo este entramado me empieza a traer sin cuidado porque lo que me repugna es que españoles que ocupan el Congreso, las Autonomías y el Senado que nos dirigen con sus leyes hechas a medida para sus coartadas se estén riendo de nosotros a mandíbula batiente y, eso sí, cobrando los sueldos a su medida para salir indemnes de toda su mentira y poder vivir del lujo a costa de nuestra miseria.

Pero la codicia es mala consejera y bajo los cimientos de sus bellas casas ya hay muchos muertos, y en sus camas, en sus almohadas, no podrán dejar de escuchar los latidos desesperados  de los niños con hambre y de las mujeres y hombres desahuciados, que solo tienen tiempo para esperar su turno en una cola interminable con el único fin de poder acaparar algo para alimentarse.

Si ustedes, señores políticos, supieran lo que es la ternura del pan y el agua de un botijo...caerían muertos de envidia.   










jueves, 12 de noviembre de 2020

Razones para sacrificar al verso

 

Aparco mi coche, apago los destellos de las farolas para que no me alumbren, para que no me sientan y escucho la monotonía  del silencio queriéndome hablar en un extraño lenguaje que no entiendo.

 Pobre alma entretenida en juegos adversos, en distancias que no comprendo de razones para ser sacrificadas al verso, pobres palabras que ricas en su nacimiento no llegan a comprobar la textura del alcance de su espuma, de las olas que las elevan al cielo para respirar las miríadas de estrellas que engullen con su belleza su significado profundo y...sin embargo...vuelven a ser ellas...más sabias ...más hermosas.   

Otra vez, las manos vacías y el corazón enrojecido, los párpados caídos hacia la tierra que hicieron muchos días que volaran hasta un infinito que no sabe del abrazo humano para  medir sus distancias. 

Pobres lágrimas que intentan precipitarse hacia pozos  insospechados, sin pensar que el negro que oscurece ese hueco profundo no es más que la distancia que hallamos entre nuestra tristeza de los tiempos cosechados y la esperanza incierta que nuestros sueños nos forjan cada día que queremos vivir. Un  llanto a la poesía que tanta falta hace para volar, para esculpir las sonrisas que provocan ángeles.


Isabel Martínez Pita








miércoles, 11 de noviembre de 2020

Te dedico esta sonrisa


Te dedico una canción desesperada, indolente, absurda, dedicada a tu mirada, a tus manos voladoras, a tu sonrisa, esa que  arranca de tu rostro y finaliza en las nubes de tu alma. 

A esa risa que juega a ser conmovedora y llena mi tiempo de brillos amarillos y celestes infantiles. 

Te dedico un tiempo al juego de tu cuerpo acariciando el mío, resbalando nuestros sueños entre sábanas que se resisten a ser domadas y se enredan entre notas musicales que pretenden no olvidarse y aún así mis brazos te liberan de tu nombre y tu apellido como pájaros en tiempo de otoño, recogiendo su estancia para darles lugar a otra morada. 

Te dedico las palabras que en mi garganta se agrietan del lodo de tantas lluvias acumuladas y pretenden diseñar espacios donde acoger recuerdos hechos girones para hacer almohadas donde reposar las cabezas cansadas y las ideas hostiles sin tejer filigranas ni arabescos, tan solo remiendos a las piezas descosidas y rotas. 

Te ofrezco estas caricias de suspiros ajados, de lágrimas de origen ya incierto y de futuros muertos.

Pero todavía estoy ahí, en un hueco oscuro, acechando el momento adecuado para despojarme de mi piel y percibir el aliento de las horas que ensombrecen mi nombre y desdibujan mi pasado, escondido e ignorante de la presencia de las alas de los cuentos y de los infinitos atardeceres que se resisten al olvido.  


Isabel Martínez Pita  








miércoles, 12 de agosto de 2020

El mar al que me sumerjo


Vuelvo  a sumergirme en el mar desnuda, intentando alcanzar sin aliento aquella profundidad que hacía olvidarme de mi misma, aquel susurro del agua que no era sino el canto de bondad con que me envolvía y me hacía descender hasta perder mi razón para adentrarme en el seno de su inconmensurable misterio.

Vuelvo a agitar mis brazos para expandirme en su universo y no pensar, porque el mar es más que suficiente pensamiento, hasta perder los límites, hasta perder la geografía y olvidarme de mí misma. Nada me faltaba en ese espacio que me arrebataba todos los sufrimientos, que me hacía libre, impúdica, ingrávida y materialmente etérea.

Vuelvo a sentir las alas poderosas de su fuerza que me hacían bucear hasta querer dejar de percibir el oxígeno que me devolviera a la penosa y pesada realidad del paisaje con el que siempre hay que enfrentarse, porque el fondo del mar me hace olvidar las palabras con las que hay que hablar, el esfuerzo para poder caminar y la cantidad de lágrimas que hay que derramar para llegar a conocer los sentimientos.

Recuerdo, mar, tu sutil sintonía con mi cuerpo, con mis sueños, con mi lejana infancia, con la risa que brotaba alborotada de un origen feliz, ajena a la edad, lejos de los coloquios humanos y desinteresada de los oficios de la vida adulta.

Eres, mar, la copa y receptora de mis más íntimos sentimientos, capaz de ser el matraz que transforma mis debilidades en ricas aristas para poder reflejar tu rostro en un lienzo. 


Por Isabel Martínez Pita








miércoles, 27 de mayo de 2020

El mundo por demostrar


Me he dado cuenta que no lo queremos ver. Que los seres humanos rechazamos las amenazas que nos quieren quitar nuestra rutina, aquellas que nos muestran otro mundo, en el que no solo las cosas sino el aire no será el mismo.

No, nos sentimos dueños y señores del planeta y del paisaje que rodea nuestro pasado, nuestro presente y con el que hemos forjado nuestro futuro. Un sueño idílico en el que nos hemos sumergido, sin ni siquiera haber tenido en cuenta, ya no solo a nuestro vecino sino tampoco a los miles de habitantes que agonizan a pocos kilómetros de nuestros paraísos.

Pobre bofetada la que ahora recibimos y que nos hace temblar, y recurrimos a la “empatía social” que nunca tuvimos para cubrirnos de humildad.  La piel se me eriza al sentirme sola en esta cáscara abyecta en la que, sin embargo, todo el mundo sonríe. Será una broma? Será que detrás de esa sonrisa se esconde un asesino?.

Todo se ha convertido en un teatro donde sus personajes son los mismos que hasta hace poco se hacían llamar ciudadanos...y hacían películas...chistes...todo estaba permitido. Había que reír  y disfrutar, había que pasar por alto el pensamiento, la introspección...había que pasar por alto la tragedia que no nos concernía... para qué... si no era nuestra.

La nausea se revuelve entre mis sueños y mis sábanas aparecen revueltas cuando al amanecer me doy cuenta de que el día vuelve a ser el mismo que ayer. Ya no son necesarias las nubes para hacernos ver que la tormenta se acerca, que los patos que campaban por las calles alegres creyendo que los humanos habíamos cambiado de actitud se retiran a sus nidos y al agua nauseabunda del río que hemos hecho putrefacto. Pobres, creyeron que habíamos cambiado de opinión.

Sé que todos opinan, el charco es apto para verter en él los hedores, para mostrar los ruines perjuicios y ofrecer a los más santos la oportunidad de ser salvadores. Pero no es eso, es mucho más que eso. Es la terrible osadía del ingenuo que sabe que también él puede matar.


Isabel Martínez Pita









domingo, 26 de abril de 2020

Un Silencio Respetuoso

El silencio respetuoso que antes buscaba para abrigarme y esconderme de las palabras huecas y del ruido ensordecedor del bullicio aturdido me ha convertido en su esclava y perfilo los sentimientos desgarrados de la gente confinada que antes creaban el bullicio siempre hueco y necesario para la soledad impermeable, para los espacios lúgubres donde derramar las expresiones innecesarias.

No es extraño que los patos confiados se atrevan a cruzar las calles y jabalíes inexpertos a explorar la ciudad para asombrarse de la ausencia de los seres que están siempre dispuestos a matarlos.

No es extraño que la gente sienta miedo del que se acerca a tocarle. Tampoco es extraño que nos sintamos pasivos, inertes ante la magnitud del drama que acaba de comenzar y no nos dejará hasta que no se decida cuántos de nosotros han de morir ni cuántos de nosotros envejecer de aislamiento. 

La Tierra se desespera mientras la naturaleza hace acopio de la riqueza de la que la despojaron, y los árboles se enorgullecen de su altura, la hierba crece en rincones donde antes solo albergaba la carroña y el ser humano aplaude a la misma hora, desde la misma ventana para comprobar que el vecino no se ha muerto, pero si así ha sido, pensarán, mañana volveré a aplaudir, sin saber quién es el culpable. 

La angustia se apodera del sufrimiento y éste se hace cómplice de la cobardía.












jueves, 26 de marzo de 2020

Tiempo de Catarsis


Llegó el tiempo de catarsis. Nos llegó la hora de mirar hacia dentro, pero con la vigilancia de los servicios del orden que nos reprimen y nos obligan a no acercarnos al prójimo, a no escuchar las palabras del amigo o el vecino, a no darnos la mano, ni un abrazo es posible y mucho menos un beso. Ejercicio obligado de intromisión y soledad. 

Este mundo se ha acabado y con él la posibilidad de amarnos, de encontrar horizontes que ya están vedados por fronteras inquebrantables por razones inexplicables. Nada es igual y hasta el cielo clama la presencia del ser humano mostrando sus sentimientos y formando parte del conjunto del Universo. Abrazar la naturaleza ya es cosa de otro tiempo y, así, de repente, nos han quitado las ganas de la vida. Ella ha quedado guardada en un estuche junto a las fotografías del pasado.

Y se precipitan las palomas enfermas a los balcones inhóspitos, con el ánimo de reclamar el pulso del aire anterior a la degradación, y la primavera se viste de luto por la ausencia de las risas infantiles y las arrugas de los viejos paseando por las calles que rodean sus historias.

Nos hemos quedado mudos ante la amenaza de una muerte que merodea y a la que no podemos gritar ni oponernos…tan solo viene y se nos lleva.

Hasta el reloj ha dicho ¡BASTA¡ y comienza a agitar sus horas en un vaivén sin sentido aletargando sus minutos, engañando a los días y pintando de negro su esfera.

No hay lágrimas que contengan la tristeza ni palabra posible para romper el destino cruel que nos espera. 

Malditos los enemigos del ser humano que no han comprendido su grandeza y solo han sabido alimentar las serpientes venenosas que han albergado sus espíritus para expandir el odio y sembrar de muerte la Tierra.


























jueves, 19 de marzo de 2020

Maestro

Me acabo de enterar de su fallecimiento y algo dentro de mi también se ha muerto, como también se ha muerto algo en el mundo, que es mucho más grande que yo.

Me da la impresión que se ha agotado de esta vida porque nadie le ha entendido y los pocos que han logrado hacerlo no le han tendido la mano ni le han acariciado el espíritu que a usted le unía con Dios y con el que ha tejido un lenguaje con el que ha creado una sabiduría que esperaba compartir  y convertir en oro...pero no en oro del que esperan los seres humanos beneficios materiales sino el oro que muy pocos llegan a percibir, que es el que usted acumulaba en el alma y derramaba con su mirada y sus palabras, para tratar de dignificar a los seres humanos y dar conocimiento sobre lo sublime que pudiera crear la belleza a nuestro alrededor.

Maestro: Sé que se encuentra a nuestro lado para vigilar que su sabiduría llegue lejos. 

No se preocupe, porque queda impreso en nuestros espíritus y en el letargo de nuestros caminos, y no solo con sus palabras sino también con la expresión de su mirada y la profunda y rotunda maravilla del aleteo de su alma que....siempre vivirá.


Gracias Maestro por haberme ofrecido la vida. 




Isabel Martínez Pita













martes, 21 de enero de 2020

Para Tí, Ernesto




Tus ojos no miran al cielo, miran a un agujero negro en el que tú penetras solo, arrancando a la vida su aliento.

Cada uno de tus pasos es una agonía por buscar el equilibrio que tienes por referente para ser persona… cuando tu sensibilidad y tu sonrisa pintan de colores y siembran de armonía los campos inhóspitos, las palabras abyectas y las pisadas erróneas.

Ernesto...lo eres todo bajo el paraguas del gesto más humilde.


Desconoces que en tu sonrisa hay mirídas de estrellas que fascinan y te invitan a conocer el mundo y amarlo. 


Ernesto desconoces que tu caricia es un manto que aísla a cualquiera de la angustia y la tristeza.

Bajo el velo de tu distancia sé que evitas arrastrar a nadie a tu tormento, pero basta escuchar la música que compones para precipitarse en el torbellino de tus imágenes , que no son más que los sueños que te invaden las noches y te atormentan los días.

Ernesto...lloro, pero no solo lloro por tu sufrimiento, sino también por el desconocimiento de aquellos que no saben acercarse a ti.

Me lamento de no haberte observado más detenidamente para ofrecerte la palabra justa, la mano caliente , el estrecho abrazo que te hiciera más feliz, en estos momentos de dolor.

Siento la impotencia de mi corazón como cuando el mar se agita queriendo gritar y arrastrarse sobre las piedras que son su única melodía cuando se acerca a la playa para hacernos ver su presencia y mostrarnos la amenaza a la que está dispuesta.

Siento no habernos mirado a los ojos lentamente para rozar el infinito que tú y yo siempre hemos percibido.

Sé fuerte, porque yo soy débil y te necesito.


Isabel Martínez Pita








sábado, 4 de enero de 2020

Despojada de la Música



Mi Dios que es mi vida entera, el transcurso de las horas, los acontecimientos que encauzan las olas sobre las que me arrastro hacia playas que, inauditas, me muestran paisajes siempre insospechados y a los que nunca espero porque la álgebra de mi lenguaje no tiene suficientes notas para modular los entornos, las asperezas y vibraciones de que se componen la mañanas que encadenan las horas de un reloj salvaje que me tiraniza para no sublevarme. 

Aunque mi imaginación diga BASTA, aunque mi corazón quiera torcer una esquina sin pedir permiso y mis brazos se extiendan para responder al aire. Aunque mi ventana me ofrezca la vista de la soledad de mi alma y mi perro me observe con sus ojos graves y silenciosos, con los que intenta recordarme que existo, me falta el aliento para comprender nada.

No poseo la llave, estoy despojada de la música que acompaña los días cuando te levantas y esa tenue sensación de una puerta abierta que te ofrezca el aliento para comenzar el vuelo y emitir la palabra adecuada con la que hacer del mundo tu morada.

Estoy alejada del cuadro que representan los humanos y lloro, lloro porque piso la tierra y no me siento en ella...y miro a los ojos de la gente y me atrevería a medir la distancia que existe entre su pupila y mi cerebro. No entiendo nada...pero lloro...y de qué me sirven las lágrimas?



Isabel Martinez Pita

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Mi Destierro






Destierro es cuando las manos se acercan a otro cuerpo y te evitan. Destierro es cuando la mirada se hace ausente por falta donde encontrar asiento y descansar para merodear los aledaños con la inocencia de una sorpresa y la ausencia de los colores que inundan la melancolía de una infancia muerta.

Destierro es cuando la llama de tu vida se ha desesperado de ti y te olvida para posarse en otros juegos, en otros bosques y tú la miras sin el brillo de los ojos con los que hace tiempo la poseías y te hacía viajar lejos de la rutina que ni siquiera ahora reconoces porque tú ya formas parte de su desidia. 

Destierro es la forma de amar como nunca antes lo habías imaginado, con las manos vacías, con el vientre agrio con el amanecer ya nocturno y los recuerdos ocres, de tanto haberlos deseado.

Destierro es la palabra que te ignora, el pensamiento lejano, aquella mirada cuyo temblor ya hace tiempo permanece inerte y el paisaje que te ha absuelto de tu presencia porque tú ya nunca pertenecerás al hálito del viento que transforma las rosas en pensamientos.

Y aún permaneces allí...en ese asiento con el que tratas de aliviar las lágrimas que se deslizan sin conocer su rumbo, su destino ni su origen...tan solo están allí sin querer permanecer, tan solo dejar su huella para esculpir tu imagen de la que nunca nadie querrá saber nada, tan solo las flores que rodearán tu lecho, pero ...como tú, estarán muertas.



Isabel Martínez Pita

lunes, 12 de agosto de 2019

Muerte, extraña amiga mía



Muerte, extraña amiga mía, que en tus manos me recoges, muerte extraña amiga mía que me matas cada día y me nombras por mi nombre sin recomendación mía. 

Alimentas con tu veneno a los que me rodean para caer aletargada con tanta absurda batalla que no se libra si no que se soporta y te cambia el sello de tu rostro para pasar desapercibida. 

Aliméntate de las arañas que se nutren de tu sabia y sella tu asquerosa boca para no desperdiciarla. 

Muerte, querida amiga, que a mi lado te resguardas y me esperas para engullirme en tus asquerosas fauces antes de ser devorada y violada por la mentira que te da el color de tu mirada. 

Permíteme sonreír, extraña muerte mía, para aliviarme tan solo de la jornada y reírme de las palabras que se esparcen por capricho y la mayor parte de las veces sin saber que son puñales emponzoñados de miseria de las almas.

Muerte, extraña, amiga mía, no dejes que me muera que para la muerte yo ya estoy apresurada.


























lunes, 22 de abril de 2019

Notre Dame, o la Muerte de Europa


Se elevaba el humo de las llamas de Notre Dame hacia el cielo y las lágrimas de Victor Hugo no fueron suficientes para calmar la ira del fuego, mientras el maestro Fulcanelli observaba con estupor la muerte de Europa, el alma que se derramaba.

La mayor de sus torres ardía, el pináculo que los hombres erigieron para elevar su espíritu hacia Dios, por encima de la construcción de aquellos arquitectos que modelaron con sus manos los seres que gobiernan las esperanzas y los deseos del mundo y las gárgolas que se asomaban entre las fachadas para advertir a los humanos de las insidias que nos acechan.

París llora, pero el mundo se agota, mutilada la savia de un epicentro que durante siglos acumuló sabiduría y gloria, y que expandió gracias a los grandes hombres, hace siglos, un mensaje difícil de descifrar para ningún mortal.

Notre Dame queda absorta de su propia muerte. Solo hace falta observar su fachada para reconocer la mueca de su tristeza, la desconsolada mirada de su soledad que le ha privado para siempre de los espíritus que la engrandecieron y le proporcionaron el hálito de su belleza.

Nunca serán suficientes las palabras que se dediquen a Notre Dame porque la catedral de París tenía su propio lenguaje, con el que quería expresarse y ofrecer a los incautos que penetrábamos en ella la posibilidad de acariciar el mensaje de las estrellas.

Han herido de muerte a Notre Dame, pero el resto de la Humanidad nos deberíamos de preguntar quiénes la hemos hecho morir.










jueves, 20 de diciembre de 2018

Matrimonio con velo negro





Te casas conmigo recordando a la muerte. 

Firmaremos un contrato de despedida y tendré que olvidar tu casa y tus cosas...tus palabras. 

Tu compañía se aferrará a mí más profundamente y me obligas a seguir la estela de tu nombre, 

y todos aquellos sueños que se habrán roto para siempre. 

Te casas conmigo para no compartir con nadie más el dolor de tu agonía.

Pero yo...me quedo sola con la razón de una firma, con el recuerdo de una mañana

y el temblor de mis propias manos quebrándose poco a poco con tu imagen que estará vacía. 

Te casas conmigo y mi llanto será eterno hasta encontrarte.

No tendré horas ni habrá momento en el que tu mirada no deje de hablarme. 

Y me seguiré preguntando por qué las estrellas llegaron a hablarte y el cielo ocupó aquel matraz que cuidaste,

para hacer nacer un universo en el que cultivar un suelo donde germinara y creciera la esperanza del alma en busca del secreto más preciado de la vida. 















sábado, 14 de julio de 2018

Entre sueño y sueño



La vida se nos pasa entre sueño y sueño y las pesadillas que llenan nuestro tiempo. Cuando ahora me propongo hablar de las personas que han cincelado mi vida, muchas de ellas con martillo en mano, hasta el aliento huye de los huecos que le dan cobijo. 

La música no deja de ser una agridulce sensación de nostalgia perdida y los colores con los que antes pintaba lienzos se escapan de mi cerebro para que no piense en ellos.

Una extraña pesadez emponzoña la esfera del reloj que me empuja a cuidar de mi perro, a acudir al lugar en el que me siento durante horas para creer que hago algo o, simplemente, para hacer ver a los demás, que sirvo para algo.

Los ojos se me cansan y los oídos se agotan de tanta mentira, mientras el sol pasea por las ventanas de mi casa queriéndome hablar y yo fingiendo no escucharle, no vaya a ser que repare en la quietud del letargo que me paraliza.

Ávidas musarañas tejen historias incomprensibles, preñadas de interrogantes, creando laberintos insondables y yo…..me pierdo y, sin embargo, y a mi pesar, me justifico. Loca, loca tengo que estar para reconocerlo.

Se me escapa el alma, se me vuelan las manos, se me cae la mirada como la luz del día se adormece y solo mi piel grita ¡Basta! como para querer ser oída y solo la inercia conduce mis pies por trayectos demasiado rectos y demasiado escuetos.

No encuentro el hálito necesario ni la suficiente sed de vida para saltar en el aire y volar…volar lejos y con la sonrisa de la que aprendí la magia y el tacto de lo más pequeño, de lo sutil que permanece ajeno a la ignorancia de los desdichados que nunca han podido poner sus dedos en las teclas de los movimientos que recrean el Universo y…, aun así se creen poderosos y dignos de enseñar lo que es bueno.

Permanezco unida a un hilo que dibuja la mirada de un ser amado y me ata y me construye día a día. Permanezco pendiente por encontrar en cualquier otro la existencia de la Alquimia entre la distancia que recorre un pensamiento…un reconocimiento…y un saber decir “te quiero”.



                                                                                                                  Isabel Martínez Pita




















martes, 15 de mayo de 2018

Cuando el viento es más fuerte que la tormenta y las nubes acarician con su lluvia mi piel.


Cuando el viento es más fuerte que la tormenta y las nubes acarician con su lluvia mi piel.

No puedo dejar que me quiten  lo que he labrado durante toda mi vida. No puedo dejar que nadie se apropie de mi nombre para poner en su lugar el suyo por envidia y adueñarse de mis palabras, de mis pensamientos…de mi inteligencia… lo que no les pertenece.

Gritaré y expresaré las más abiertas de mis repulsas para esos seres que no tienen nada que decir e intentan robar el alma de quien la tiene.

Pobres facinerosos que quieren engañar con su palabrería  a los más incautos sin  ni siquiera ofrecer su mano y tender hacia la mejilla de un inocente un beso….esos no saben de qué color está pintado el cielo…no saben  que la verdad está hecha para unos pocos y se atreven, sin embargo, a proclamar que la tienen…..pobres diablos,  envueltos de  su propia desidia que les hace  disputar con los demás la propia amargura de sus vidas.

Que sonrisa más triste les acompaña para reírse del mundo sin saber cuál es su sustancia, qué amargas sus muecas doloridas de un encanto que se muere en el momento de expresarlas, qué podridas las ideas con las que engullen a las más tierna juventud que les rodea.

Cuanto de gris hay entre las paredes que me acechan con sus pobres personajes todos los días…durante ocho horas…durante tantos años.

Proclamo mi libertad en solitario y, desde aquí, mi decisión de tener mi propio espíritu y territorio para  despejar mis horizontes de personajes abyectos e insalubres. 

Aquí estoy yo para morir, pero con un alma que será inmortal, que es lo que muchas veces se requiere.    






107. El Aquelarre






















L'Oceano di Silenzio

Isabel Martínez Pita Obra Pictórica





Mare Crisium





The End





Faros en la Tormenta





Faros Atormentados




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