Fuego y Tierra

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jueves, 12 de noviembre de 2020

Lo que el alma siente


El alma siente lo que el cerebro olvida y se transforma en miles de formas para no imprimir sus imágenes en las pupilas cansadas de tantas historias malditas, en tantos seres que de tanto amados se hicieron perversos. Me cansan los brazos, se me agotan las manos de tanto intentar amar y no ser amada sino darme cobijo sin yo requerirlo. 

Se me agota el aliento de no encontrar el sustento que pinte de luces lo que yo no encuentro y me hallo aquí sin haber descubierto nada, sin haber sido nadie ni haberlo intentado porque los rostros de los demás se han encargado de borrar mi mirada. 

Y me hallo aquí, arrastrando mis muertos. Pobre historia  de 60 años sin haber dado vida ni siquiera a un alma que sonriera a la luz de la mañana.


Isabel Martínez Pita







miércoles, 11 de noviembre de 2020

Te dedico esta sonrisa


Te dedico una canción desesperada, indolente, absurda, dedicada a tu mirada, a tus manos voladoras, a tu sonrisa, esa que  arranca de tu rostro y finaliza en las nubes de tu alma. 

A esa risa que juega a ser conmovedora y llena mi tiempo de brillos amarillos y celestes infantiles. 

Te dedico un tiempo al juego de tu cuerpo acariciando el mío, resbalando nuestros sueños entre sábanas que se resisten a ser domadas y se enredan entre notas musicales que pretenden no olvidarse y aún así mis brazos te liberan de tu nombre y tu apellido como pájaros en tiempo de otoño, recogiendo su estancia para darles lugar a otra morada. 

Te dedico las palabras que en mi garganta se agrietan del lodo de tantas lluvias acumuladas y pretenden diseñar espacios donde acoger recuerdos hechos girones para hacer almohadas donde reposar las cabezas cansadas y las ideas hostiles sin tejer filigranas ni arabescos, tan solo remiendos a las piezas descosidas y rotas. 

Te ofrezco estas caricias de suspiros ajados, de lágrimas de origen ya incierto y de futuros muertos.

Pero todavía estoy ahí, en un hueco oscuro, acechando el momento adecuado para despojarme de mi piel y percibir el aliento de las horas que ensombrecen mi nombre y desdibujan mi pasado, escondido e ignorante de la presencia de las alas de los cuentos y de los infinitos atardeceres que se resisten al olvido.  


Isabel Martínez Pita  








martes, 15 de mayo de 2018

Cuando el viento es más fuerte que la tormenta y las nubes acarician con su lluvia mi piel.


Cuando el viento es más fuerte que la tormenta y las nubes acarician con su lluvia mi piel.

No puedo dejar que me quiten  lo que he labrado durante toda mi vida. No puedo dejar que nadie se apropie de mi nombre para poner en su lugar el suyo por envidia y adueñarse de mis palabras, de mis pensamientos…de mi inteligencia… lo que no les pertenece.

Gritaré y expresaré las más abiertas de mis repulsas para esos seres que no tienen nada que decir e intentan robar el alma de quien la tiene.

Pobres facinerosos que quieren engañar con su palabrería  a los más incautos sin  ni siquiera ofrecer su mano y tender hacia la mejilla de un inocente un beso….esos no saben de qué color está pintado el cielo…no saben  que la verdad está hecha para unos pocos y se atreven, sin embargo, a proclamar que la tienen…..pobres diablos,  envueltos de  su propia desidia que les hace  disputar con los demás la propia amargura de sus vidas.

Que sonrisa más triste les acompaña para reírse del mundo sin saber cuál es su sustancia, qué amargas sus muecas doloridas de un encanto que se muere en el momento de expresarlas, qué podridas las ideas con las que engullen a las más tierna juventud que les rodea.

Cuanto de gris hay entre las paredes que me acechan con sus pobres personajes todos los días…durante ocho horas…durante tantos años.

Proclamo mi libertad en solitario y, desde aquí, mi decisión de tener mi propio espíritu y territorio para  despejar mis horizontes de personajes abyectos e insalubres. 

Aquí estoy yo para morir, pero con un alma que será inmortal, que es lo que muchas veces se requiere.    






107. El Aquelarre






















sábado, 15 de marzo de 2014

El mensaje de sus ojos

He visto tus ojos buscando la salida al umbral de la muerte para aferrarte a la vida, tu mirada desesperada con preguntas que tú sabías inútiles porque tus brazos ya no luchaban. 

He asistido a la sinopsis de tu historia que querías narrar en un momento, con palabras arrancadas del jardín que has sembrado con el tacto del mejor jardinero, con el empeño de tu generosidad para regar con ella tus flores y hacerlas hermosas. 

No he visto mi pasado, solo te he visto a ti, y yo colgada de la esquina de una de tus alas, intentando volar contigo para intentar no posar en los eriales nuestros sueños, para desentumecer las sonrisas de la infancia y pintar con colores estridentes los días grises y los inviernos gélidos. 

Te he sentido absolutamente solo y he intentado, como una pieza de puzzle, acoplarme en tu regazo, evitarte la distancia que has recorrido en solitario y atraerte hasta el calor del fuego para que olvides las aristas del hielo y recobres la inmensidad de ese universo que expandes con tu presencia y tu palabra. 

Con tu dolor me has hecho más humana y por eso sé que ahora puedo derramar mis lágrimas sin que lleguen a estrellarse en los cristales rotos sino alimentar con ellas mi alma.   








Faros Atormentados

Mare Crisium





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