Fuego y Tierra

miércoles, 27 de mayo de 2020

El mundo por demostrar


Me he dado cuenta que no lo queremos ver. Que los seres humanos rechazamos las amenazas que nos quieren quitar nuestra rutina, aquellas que nos muestran otro mundo, en el que no solo las cosas sino el aire no será el mismo.

No, nos sentimos dueños y señores del planeta y del paisaje que rodea nuestro pasado, nuestro presente y con el que hemos forjado nuestro futuro. Un sueño idílico en el que nos hemos sumergido, sin ni siquiera haber tenido en cuenta, ya no solo a nuestro vecino sino tampoco a los miles de habitantes que agonizan a pocos kilómetros de nuestros paraísos.

Pobre bofetada la que ahora recibimos y que nos hace temblar, y recurrimos a la “empatía social” que nunca tuvimos para cubrirnos de humildad.  La piel se me eriza al sentirme sola en esta cáscara abyecta en la que, sin embargo, todo el mundo sonríe. Será una broma? Será que detrás de esa sonrisa se esconde un asesino?.

Todo se ha convertido en un teatro donde sus personajes son los mismos que hasta hace poco se hacían llamar ciudadanos...y hacían películas...chistes...todo estaba permitido. Había que reír  y disfrutar, había que pasar por alto el pensamiento, la introspección...había que pasar por alto la tragedia que no nos concernía... para qué... si no era nuestra.

La nausea se revuelve entre mis sueños y mis sábanas aparecen revueltas cuando al amanecer me doy cuenta de que el día vuelve a ser el mismo que ayer. Ya no son necesarias las nubes para hacernos ver que la tormenta se acerca, que los patos que campaban por las calles alegres creyendo que los humanos habíamos cambiado de actitud se retiran a sus nidos y al agua nauseabunda del río que hemos hecho putrefacto. Pobres, creyeron que habíamos cambiado de opinión.

Sé que todos opinan, el charco es apto para verter en él los hedores, para mostrar los ruines perjuicios y ofrecer a los más santos la oportunidad de ser salvadores. Pero no es eso, es mucho más que eso. Es la terrible osadía del ingenuo que sabe que también él puede matar.


Isabel Martínez Pita


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