Fuego y Tierra

jueves, 26 de marzo de 2020

Tiempo de Catarsis


Llegó el tiempo de catarsis. Nos llegó la hora de mirar hacia dentro, pero con la vigilancia de los servicios del orden que nos reprimen y nos obligan a no acercarnos al prójimo, a no escuchar las palabras del amigo o el vecino, a no darnos la mano, ni un abrazo es posible y mucho menos un beso. Ejercicio obligado de intromisión y soledad. 

Este mundo se ha acabado y con él la posibilidad de amarnos, de encontrar horizontes que ya están vedados por fronteras inquebrantables por razones inexplicables. Nada es igual y hasta el cielo clama la presencia del ser humano mostrando sus sentimientos y formando parte del conjunto del Universo. Abrazar la naturaleza ya es cosa de otro tiempo y, así, de repente, nos han quitado las ganas de la vida. Ella ha quedado guardada en un estuche junto a las fotografías del pasado.

Y se precipitan las palomas enfermas a los balcones inhóspitos, con el ánimo de reclamar el pulso del aire anterior a la degradación, y la primavera se viste de luto por la ausencia de las risas infantiles y las arrugas de los viejos paseando por las calles que rodean sus historias.

Nos hemos quedado mudos ante la amenaza de una muerte que merodea y a la que no podemos gritar ni oponernos…tan solo viene y se nos lleva.

Hasta el reloj ha dicho ¡BASTA¡ y comienza a agitar sus horas en un vaivén sin sentido aletargando sus minutos, engañando a los días y pintando de negro su esfera.

No hay lágrimas que contengan la tristeza ni palabra posible para romper el destino cruel que nos espera. 

Malditos los enemigos del ser humano que no han comprendido su grandeza y solo han sabido alimentar las serpientes venenosas que han albergado sus espíritus para expandir el odio y sembrar de muerte la Tierra.


























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