Fuego y Tierra

martes, 21 de enero de 2020

Para Tí, Ernesto




Tus ojos no miran al cielo, miran a un agujero negro en el que tú penetras solo, arrancando a la vida su aliento.

Cada uno de tus pasos es una agonía por buscar el equilibrio que tienes por referente para ser persona… cuando tu sensibilidad y tu sonrisa pintan de colores y siembran de armonía los campos inhóspitos, las palabras abyectas y las pisadas erróneas.

Ernesto...lo eres todo bajo el paraguas del gesto más humilde.


Desconoces que en tu sonrisa hay mirídas de estrellas que fascinan y te invitan a conocer el mundo y amarlo. 


Ernesto desconoces que tu caricia es un manto que aísla a cualquiera de la angustia y la tristeza.

Bajo el velo de tu distancia sé que evitas arrastrar a nadie a tu tormento, pero basta escuchar la música que compones para precipitarse en el torbellino de tus imágenes , que no son más que los sueños que te invaden las noches y te atormentan los días.

Ernesto...lloro, pero no solo lloro por tu sufrimiento, sino también por el desconocimiento de aquellos que no saben acercarse a ti.

Me lamento de no haberte observado más detenidamente para ofrecerte la palabra justa, la mano caliente , el estrecho abrazo que te hiciera más feliz, en estos momentos de dolor.

Siento la impotencia de mi corazón como cuando el mar se agita queriendo gritar y arrastrarse sobre las piedras que son su única melodía cuando se acerca a la playa para hacernos ver su presencia y mostrarnos la amenaza a la que está dispuesta.

Siento no habernos mirado a los ojos lentamente para rozar el infinito que tú y yo siempre hemos percibido.

Sé fuerte, porque yo soy débil y te necesito.


Isabel Martínez Pita








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