Fuego y Tierra

martes, 15 de mayo de 2018

Cuando el viento es más fuerte que la tormenta y las nubes acarician con su lluvia mi piel.


Cuando el viento es más fuerte que la tormenta y las nubes acarician con su lluvia mi piel.

No puedo dejar que me quiten  lo que he labrado durante toda mi vida. No puedo dejar que nadie se apropie de mi nombre para poner en su lugar el suyo por envidia y adueñarse de mis palabras, de mis pensamientos…de mi inteligencia… lo que no les pertenece.

Gritaré y expresaré las más abiertas de mis repulsas para esos seres que no tienen nada que decir e intentan robar el alma de quien la tiene.

Pobres facinerosos que quieren engañar con su palabrería  a los más incautos sin  ni siquiera ofrecer su mano y tender hacia la mejilla de un inocente un beso….esos no saben de qué color está pintado el cielo…no saben  que la verdad está hecha para unos pocos y se atreven, sin embargo, a proclamar que la tienen…..pobres diablos,  envueltos de  su propia desidia que les hace  disputar con los demás la propia amargura de sus vidas.

Que sonrisa más triste les acompaña para reírse del mundo sin saber cuál es su sustancia, qué amargas sus muecas doloridas de un encanto que se muere en el momento de expresarlas, qué podridas las ideas con las que engullen a las más tierna juventud que les rodea.

Cuanto de gris hay entre las paredes que me acechan con sus pobres personajes todos los días…durante ocho horas…durante tantos años.

Proclamo mi libertad en solitario y, desde aquí, mi decisión de tener mi propio espíritu y territorio para  despejar mis horizontes de personajes abyectos e insalubres. 

Aquí estoy yo para morir, pero con un alma que será inmortal, que es lo que muchas veces se requiere.    






107. El Aquelarre






















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