Fuego y Tierra

sábado, 6 de agosto de 2011

Mis labios


Mis labios rotos destrozan las notas de las melodías inacabadas buscando su fin. Mis manos inexpertas arañan las piedras lejanas que no se encuentran y, sin embargo, esperan…

Latiendo los corazones lejanos y adversos. Con el cielo azul como espejo y las gotas de lluvia incitando a la gloria, tan lejana, tan añorada, la que se convierte en secreto y me humilla con su magnificencia y el porte de su presencia.

Señales que me protegen y me guían quizás por caminos inadecuados, pero las arenas continúan memorizando las sacudidas del viento que son mis aliados, arrastradas por la bondad de los anocheceres que me advierten de los sueños ilusos y me dejan sola….

Siempre hay unos ojos de los que prender el alma y dejarla bailar a su gusto para disfrute propio. Siempre hay un hálito en el bajo vientre que te sujeta a la tierra desde la que mirar hacia arriba y comprobar la distancia que no me pertenece.

Estoy segura que si fuera por los colores cambiarían el arco iris y los bajarían al ras del suelo para pintar con ellos, que las moscas se posarían para recitar sus poemas y las langostas cambiarían de color para no ser tan codiciadas.

Me atrevo a decir que el colchón que se hunde todas las noches con mi peso busca refugio en la mañana cuando me despierto y si pudiera aullar lo haría sin que le pesara faltarme al respeto.

He visto que no todos los elementos que me rodean aceptan mi perfil, incluso que mis brazos abiertos se llenan de nada en cuanto me descuido. Procuro el silencio que habla de mí e impide que se teja un romance ridículo de los que alimentan a las alimañas.

Notoria es la fecha en la que nací para contar hacia atrás. Al fin y al cabo llegó la palabra que le cantó a la angustia de la nada.






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