Fuego y Tierra

viernes, 11 de diciembre de 2009

Mágnifica nada


Como una larva intentando rescatar el reencuentro con la luz, observando los pequeños y estridentes sonidos que son el paisaje de esta ciudad sin nombre. Intentando dormir para permanecer inerte y sin sentido, olvidando el presente que se rompe en mi ventana y se resquebraja con la luz aparente de un amanecer y un ecétera de ciclos supuestamente impuestos.

Mis manos dibujan las sombras de los sueños de mi mente y se elevan predispuestas a transformar en realidad lo inaudito de mi demencia. Objeto de mis placeres ingenuos y víctima de mi propio olvido, magnifico mi senectud para procurarme el descanso que me conduzca hasta la marea. Que sean las olas del mar, capricho de la naturaleza, que me despierten los sentidos y desintegren la miseria de mi estéril incertidumbre.

Que estallen las avispas contra los panales, que se cierren eternamente los ojos de los ciegos que blasfeman y que no hayan puertas a los paraísos para aquellos que alimentan con su saliva a las arañas.

Que sea un despertar osado y despedace en mil pedazos mi pasado, para compartir satisfecha del respirar aliento de las mariposas, e incorporarme en su sutil acrobacia de la etérea esfera de lo abstracto. Apoyatura sin nombre, conjunción olvidada, preposición sin compañía, errática armadura de guerrero sin armas, extenso clamor en un pozo sin agua. Magnífica sinfonía de la nada.







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