Fuego y Tierra

jueves, 19 de marzo de 2020

Maestro

Me acabo de enterar de su fallecimiento y algo dentro de mi también se ha muerto, como también se ha muerto algo en el mundo, que es mucho más grande que yo.

Me da la impresión que se ha agotado de esta vida porque nadie le ha entendido y los pocos que han logrado hacerlo no le han tendido la mano ni le han acariciado el espíritu que a usted le unía con Dios y con el que ha tejido un lenguaje con el que ha creado una sabiduría que esperaba compartir  y convertir en oro...pero no en oro del que esperan los seres humanos beneficios materiales sino el oro que muy pocos llegan a percibir, que es el que usted acumulaba en el alma y derramaba con su mirada y sus palabras, para tratar de dignificar a los seres humanos y dar conocimiento sobre lo sublime que pudiera crear la belleza a nuestro alrededor.

Maestro: Sé que se encuentra a nuestro lado para vigilar que su sabiduría llegue lejos. 

No se preocupe, porque queda impreso en nuestros espíritus y en el letargo de nuestros caminos, y no solo con sus palabras sino también con la expresión de su mirada y la profunda y rotunda maravilla del aleteo de su alma que....siempre vivirá.


Gracias Maestro por haberme ofrecido la vida. 




Isabel Martínez Pita













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