Fuego y Tierra

sábado, 14 de julio de 2018

Entre sueño y sueño



La vida se nos pasa entre sueño y sueño y las pesadillas que llenan nuestro tiempo. Cuando ahora me propongo hablar de las personas que han cincelado mi vida, muchas de ellas con martillo en mano, hasta el aliento huye de los huecos que le dan cobijo. 

La música no deja de ser una agridulce sensación de nostalgia perdida y los colores con los que antes pintaba lienzos se escapan de mi cerebro para que no piense en ellos.

Una extraña pesadez emponzoña la esfera del reloj que me empuja a cuidar de mi perro, a acudir al lugar en el que me siento durante horas para creer que hago algo o, simplemente, para hacer ver a los demás, que sirvo para algo.

Los ojos se me cansan y los oídos se agotan de tanta mentira, mientras el sol pasea por las ventanas de mi casa queriéndome hablar y yo fingiendo no escucharle, no vaya a ser que repare en la quietud del letargo que me paraliza.

Ávidas musarañas tejen historias incomprensibles, preñadas de interrogantes, creando laberintos insondables y yo…..me pierdo y, sin embargo, y a mi pesar, me justifico. Loca, loca tengo que estar para reconocerlo.

Se me escapa el alma, se me vuelan las manos, se me cae la mirada como la luz del día se adormece y solo mi piel grita ¡Basta! como para querer ser oída y solo la inercia conduce mis pies por trayectos demasiado rectos y demasiado escuetos.

No encuentro el hálito necesario ni la suficiente sed de vida para saltar en el aire y volar…volar lejos y con la sonrisa de la que aprendí la magia y el tacto de lo más pequeño, de lo sutil que permanece ajeno a la ignorancia de los desdichados que nunca han podido poner sus dedos en las teclas de los movimientos que recrean el Universo y…, aun así se creen poderosos y dignos de enseñar lo que es bueno.

Permanezco unida a un hilo que dibuja la mirada de un ser amado y me ata y me construye día a día. Permanezco pendiente por encontrar en cualquier otro la existencia de la Alquimia entre la distancia que recorre un pensamiento…un reconocimiento…y un saber decir “te quiero”.



                                                                                                                  Isabel Martínez Pita




















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