Fuego y Tierra

sábado, 23 de enero de 2016

Los colores limpios y los espíritus sin alas

Siempre me digo que ésta será la última lágrima, invadida y bañada en alguna sustancia exógena que la precipite hacia la nada. 

Con frecuencia tiemblan mis manos porque transmiten la resonancia de mi alma que no es más que el instrumeno de percusión de lo que siento, de lo que veo, de lo que escucho. 

Siempre espero dar una patada a la tristeza y ella aparece disfrazada tras cada puerta, tras la mirada obtusa de quien está lejos del Universo que cultiva y sabe cuidar de las estrellas.

Siempre me propongo observar los colores limpios de partículas emponzoñadas de perversos pensamientos y de espíritus sin alas, pero caigo al suelo agotada de hastío y mediocridad.

Levanto el vuelo. Es la ficción en la que me recreo la que alienta el trayecto de mis pensamientos. Coronadas las lunas, intento alcanzar planetas que me sirvan de morada y me hallo con la pupila turbia de un ser cercano que me escupe a la cara su propia indolencia, ignorante de la Cábala que ahuyenta los monstruos y protege de alimañas salvajes que se visten de tules. 





  



















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