Fuego y Tierra

lunes, 12 de diciembre de 2011

Amapola

Siento sangrar por los poros de mi piel la nostalgia que se derrama y me embulle en un circuito sin salida. No puedo decir basta cuando me gustaría acabar con mi vida.

Estéril pasaje de un viajero que amó en su momento el paisaje y se pudo permitir el salvaje disfrute de las sensaciones incontrolables de las hojas de los árboles al caer en la entrañable primavera de la madurez.

Me embadurno con los colores que impregnan mi espíritu y me dejo llevar por los suspiros de mi perro que me requiere..el único ser que espera de mi las caricias de las que nunca tuve enseñanza.

Y, sin embargo, aprendí, quizás por su ausencia, que se hizo incontrolable y germinaron como espinas, de tan desagradables, divinas pero que, ante todo, sacian mi sed. No intento con esta diatriba que nadie me llame, ni lo espero ni lo requiero, porque el aparato que denominan móvil no es de mi parecer.

Ahuyento de mis noches las esperanzas que nunca alimentaron mi dicha, solo requiero que el día que me haya ido sepáis que entre mis manos sostuve una flor a la que denominaron AMAPOLA. Preguntad por ella y me encontrareis a mí.

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